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El momento de la inserción inteligente en un mundo convulsionado

Eduardo Serantes, La Nación, 4 de junio de 2022.

La extensión en el tiempo del conflicto en Ucrania y su nivel de destrucción sobre la infraestructura productiva, comercial y de transporte, generan fuertes preocupaciones en torno a cuestiones como la seguridad alimentaria, ya complicadas por la pandemia.

La invasión de Rusia a Ucrania, ambos grandes productores y exportadores de granos, energía e insumos agrícolas, presenta grandes riesgos. Su ausencia en el mercado ya está teniendo fuertes impactos en la disponibilidad de productos de gran importancia como trigo y maíz, y en los precios de los alimentos, que están en niveles récord, un 94% por encima del promedio 2017-2021, de acuerdo con la FAO. Esta situación es aún más preocupante para países de África, Medio Oriente y el Sudeste asiático, muchos de los cuales se encuentran ya en una situación de inseguridad alimentaria, y obtienen al menos el 50% de sus importaciones de trigo de Rusia y Ucrania. Esta ausencia tiene, además, efectos sobre la energía y los fertilizantes, lo que también impacta en la producción de alimentos.

Como ha sucedido en otras crisis alimentarias, la preocupación por el abastecimiento y los altos precios conducen a los países a adoptar medidas proteccionistas descoordinadas que profundizan la incertidumbre y la escasez, agravando la situación. La coordinación de acciones y la preservación de los suministros es clave para llevar tranquilidad a los mercados internacionales, así como la posición de países que, como el nuestro, son exportadores netos de alimentos.

Propuestas como la de Francia, que probablemente sea llevada a la Ministerial de la OMC este mes, buscan aumentar la transparencia sobre los stocks mundiales, preservar las cadenas de suministro y fomentar las producciones locales, a fin de asegurar la llegada de alimentos a los países más afectados. Así, se busca «obtener un compromiso multilateral para no imponer restricciones a la exportación de materias primas agrícolas» y evitar los bloqueos y las disparidades en el abastecimiento.

Nuestro país, y nuestra región, tiene un rol central a cumplir en este contexto. Para nosotros, el conflicto representa desafíos, pero también grandes oportunidades en el mercado internacional. La guerra ha dejado en evidencia la fragilidad del sistema alimentario y energético, la reputación de los países y la confianza serán centrales para la elección de proveedores. Este nuevo escenario presenta una oportunidad única para consolidarnos como origen confiable de alimentos para el mundo. 

Sin embargo, el aprovechamiento de esta oportunidad debe hacerse sin perder de vista los problemas urgentes que también afectan a la población argentina. De acuerdo con los datos de la UCA, el 44% de la población argentina es pobre y alrededor del 9% sufre inseguridad alimentaria severa.  Esto es inadmisible en un país que produce alimentos suficientes, nutritivos, inocuos y con eficiencia como lo hace la Argentina.  Es necesario mejorar el acceso y la distribución a toda la población, por ejemplo, mediante la institucionalización de mecanismos como la tarjeta alimentaria.

Debemos procurar aumentar nuestra producción asegurando alimentar a nuestra población y al mundo.  El modelo productivo dinámico e innovador de nuestro agro, menos intensivo en el uso de insumos y más eficiente en recursos gracias a la incorporación de tecnologías, nos coloca en una posición excepcionalmente ventajosa para enfrentar este complejo escenario, por lo que serán determinantes las señales que se den a los productores locales.

En un escenario internacional incierto y volátil, pero ávido de encontrar proveedores confiables, la previsibilidad a nivel doméstico se convertirá en un activo fundamental para atraer inversiones, aumentar la productividad y las exportaciones, generar más empleo y recursos para el estado que permitan atender a las cuestiones de equidad y acceso a una alimentación de calidad para toda nuestra población.

Una Sudamérica libre de amenazas bélicas, será una ventaja en el mundo que viene. La coordinación con los demás países de nuestra región es más fundamental que nunca para promover una inserción inteligente en un mundo convulsionado.

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