En el marco del Congreso Aapresid, uno de los temas centrales fue el panorama de Argentina de cara a la COP 30, que se desarrollará en Belem, Brasil, entre el 10 y el 21 de noviembre, y el rol de la agricultura en un contexto internacional cada vez más exigente en términos ambientales y de competitividad.
El contexto es propicio ya que la estrategia actual de desarrollo del país está orientada al crecimiento a través de las exportaciones. En este camino, el sector agropecuario aparece como uno de los más competitivos para impulsar ese proceso.
Sin embargo, en los últimos años el país creció a un ritmo menor que economías vecinas como la de Brasil, debido a restricciones como la prohibición de exportar, los elevados derechos de exportación y el exceso de regulaciones, que limitaron el desarrollo del sector. Hoy, ese potencial comienza a vislumbrarse con mayor fuerza y promete empezar a liberarse.

La contribución que el sector puede aportar, como solución al cambio climático y la seguridad alimentaria al mismo tiempo, es una gran oportunidad que no debe desaprovecharse. Los jóvenes productores que comprenden estos requerimientos del mercado, son los que pueden liderar el cambio.
Sin embargo, a nivel nacional, en Argentina, todavía persisten desafíos, como la necesidad de reducir una presión impositiva que continúa siendo muy elevada, con el fin de liberar el gran potencial productivo y tecnológico del país. También es clave poner el foco en el desarrollo científico y tecnológico para apuntalar una política centrada en la competitividad del sector.
En el actual contexto, de creciente demanda internacional, el país tiene la posibilidad de expandir de manera significativa su producción agrícola y ganadera. A esto se suma una ventaja competitiva clave: gran parte de lo que produce se realiza bajo prácticas sustentables, ya que su agricultura se destaca por ser una de las más conservacionistas y con menores niveles de emisiones a nivel global.
Resulta fundamental establecer reglas claras y una hoja de ruta que otorguen previsibilidad al sector productivo y contribuyan a mejorar sus condiciones. Esto es especialmente relevante para las economías regionales, que bajo el esquema actual encuentran serias limitaciones para crecer.
Información basada en la entrevista a Marcelo Regúnaga para el medio digital Infocampo.