En el marco del panel que GPS coordinó en el Congreso Maizar 2026 sobre el rol y la situación de la agroindustria en el nuevo contexto geopolítico, Marcelo Regúnaga, Coordinador General de GPS analizó los desafíos y oportunidades del sector agro en un escenario de fragmentación geopolítica y nuevas exigencias globales
En un contexto internacional marcado por la incertidumbre, las guerras comerciales y la proliferación de regulaciones ambientales y sanitarias, la agroindustria argentina enfrenta un escenario complejo pero cargado de oportunidades estratégicas. El coordinador general de GPS destacó que, pese a las turbulencias globales, emerge con fuerza una nueva geopolítica de los alimentos y las bioenergías que coloca a la Argentina en una posición privilegiada.
«El contexto es más incierto, con mayores ineficiencias y costos, pero al mismo tiempo crece la importancia geopolítica de los alimentos, las bioenergías y otros recursos naturales que Argentina posee en abundancia», señaló Regúnaga. El país cuenta con una alta dotación de recursos, capacidades empresariales consolidadas, una ubicación estratégica con opciones bioceánicas y producciones con demanda global emergente. Todo eso, sumado a ser una zona de paz, convierte a la Argentina en una «solución estratégica global». El principal desafío, según advirtió, pasa por construir la narrativa y el posicionamiento adecuados para capitalizar esas fortalezas.
En cuanto a la competitividad exportadora, Regúnaga fue contundente: Argentina tiene un enorme margen para aumentar el valor unitario de sus exportaciones. El precio promedio de las exportaciones argentinas representa menos de la mitad del de Australia y Malasia, y un 30% menos que el de Brasil. Para revertir esa brecha, propuso seguir el camino de esos competidores a través de tres ejes: negociaciones comerciales activas y promoción internacional; agregado de valor en calidad, biocombustibles, carnes y bioproductos; y diferenciación mediante trazabilidad y certificaciones. Con esas políticas, destacó que las exportaciones podrían escalar de las proyecciones para 2035 de unos 80.000 millones de dólares como píso, si no se modifican sustancialmente las condiciones vigentes, a entre 100.000 y 120.000 millones si se implementan políticas de negociaciones e inserción internacional similares a las de Australia, Nueva Zelanda, o Chile. Es decir, un impacto sustancialmente mayor a lo que se proyecta para el sector energético también para la próxima década, con la ventaja adicional de la gran cobertura territorial del sector agroindustrial.
Sobre las reformas internas necesarias para aprovechar acuerdos como el del MERCOSUR con la Unión Europea, el experto planteó una agenda que actúe en dos frentes. Por el lado de la oferta, señaló la necesidad de mejorar el contexto macroeconómico, reducir la presión fiscal, fomentar la innovación, elevar los estándares (sanitarios, de calidad y ambientales), condición indispensable para acceder a mejores precios en mercados exigentes, y fortalecer la infraestructura. Por el lado de la demanda, subrayó la importancia de intensificar las negociaciones comerciales, la promoción internacional y la construcción de alianzas estratégicas.r con mayor capacidad para generar divisas, empleo e inversiones en todo el país.dan interesantes oportunidades para ello.
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