GPS na imprensa

Más valor por tonelada: la transformación pendiente de la canasta agroexportadora argentina

La canasta exportadora argentina está muy concentrada en productos de poco valor unitario. Cambiar la ecuación requiere tanto mejorar el precio que capturamos en el mercado como diversificar la canasta hacia productos de mayor valor. Ambas agendas son necesarias y complementarias, pero operan en horizontes temporales distintos y demandan instrumentos de política diferentes.

Por Paloma Ochoa

En el primer artículo de esta serie hablamos sobre la brecha de precio. En este, nos proponemos explorar algunas ideas en relación con la transformación de la canasta.

El punto de partida: los recursos naturales no son suficiente

Frente al reciente boom de la energía y la minería, los economistas Hallak y López argumentan -con datos- que los recursos naturales no alcanzan: Argentina exporta apenas US$ 1200 por habitante en commodities, frente a US$ 13.000 de Australia o US$ 7300 de Canadá.

Adicionalmente, aunque los hidrocarburos y la minería abran una nueva fuente de generación de divisas, la agroindustria seguirá representando algo más del 50% de las exportaciones nacionales hacia 2035, según proyecciones de la Fundación Producir Conservando.

El argumento de López y Hallak no es contra los recursos naturales sino sobre sus límites.

El desarrollo exportador sostenido requiere generar valor a través de la calidad, la innovación y la diferenciación. Y en ese terreno, el agro argentino también tiene una brecha que los datos de 2025 hacen difícil de ignorar.

US$ 397 por tonelada, el valor más bajo del grupo

Como señalamos en el artículo anterior, un análisis comparativo de las exportaciones agroalimentarias de 2025, elaborado con datos de UN Comtrade para ocho grandes exportadores, muestra que la Argentina obtiene 397 dólares por tonelada exportada, el valor unitario más bajo del grupo. Por su parte, Brasil obtiene US$ 597; EE.UU., US$ 730; Australia, 792; Canadá, US$ 849; y Nueva Zelanda supera los US$ 4000.

El diagnóstico tiene dos capas.

La primera es una brecha de composición: países como Nueva Zelanda o Malasia exportan productos de mayor valor intrínseco (lácteos premium, salmón, aceite de palma). Su canasta exportadora es distinta de la argentina.

La segunda capa, es una brecha de precio: con EE.UU., la similitud de canasta es de 0,92 sobre 1, y aun así la Argentina obtiene 397 US$/ton frente a US$ 730 de EE.UU., una diferencia que no refleja qué se exporta, sino cuánto se cobra por los mismos productos.

Ambas brechas exigen respuestas distintas: la de precio, en el corto y mediano plazo vía diferenciación, calidad y acceso a mercados. La de composición, en el largo plazo vía transformación de la canasta.

El peso de las commodities

El origen más profundo del problema está en la concentración de la canasta argentina. Tres capítulos de bajo valor unitario explican el 64,6% del FOB total:

  • Cereales (Cap. 10): 29% del FOB, con un valor unitario medio de 216 US$/ton
  • Residuos y piensos (Cap. 23): 18,1% del FOB, a 299 US$/ton
  • Semillas oleaginosas (Cap. 12): 17,5% del FOB, a 451 US$/ton

Los granos, subproductos del crushing y oleaginosas son commodities de uso industrial cuyo precio fija el mercado global con márgenes de diferenciación mínimos.

Que estos tres capítulos concentren casi dos tercios de las exportaciones arrastra el promedio hacia abajo con independencia de lo que ocurra en el resto de la canasta.

En el otro extremo, los productos donde la Argentina ya demuestra capacidad de diferenciación pesan poco en el total: la carne bovina fresca (donde nuestro país obtiene un valor similar al de EE.UU. en el tope del grupo), representa el 3,8% del FOB. El maní sin tostar (donde iguala a EE.UU. y triplica a Canadá), representa el 2,8%. Juntos, apenas el 6,6% del total.

La capacidad de diferenciación existe en la canasta argentina.

Está en la carne fresca, está en el maní, está en los vinos. El problema no es que no exista, es que no pesa lo suficiente para mover el promedio. La transformación pasa por escalar esa diferenciación del nicho al volumen.

Las cadenas que pueden cambiar la ecuación

El análisis comparado sugiere que la transformación de la canasta, en gran medida, pasa por tres cadenas que concentran el mayor potencial de agregado de valor: soja–oleaginosas– carnes es la más voluminosa y la que más arrastra el promedio.

Pero dentro de ella, el análisis muestra que la conversión de granos en proteína animal de alto valor ya funciona, como se ve en la carne bovina fresca. El desafío es escalar esa diferenciación a otros cortes, otras especies -aviar, porcina- y otros destinos de mayor exigencia. Brasil ya está haciendo algo de esto: obtiene un 22% más que la Argentina en carne bovina congelada y 42% más en aviar.

Adicionalmente, en proteína animal, la Argentina tiene mucho espacio para crecer en volumen de producción y exportación.  La comparación muestra que el volumen exportado por nuestro país es aún muy bajo en carne aviar y casi inexistente en porcina.

La cadena soja–aceites–biocombustibles presenta una complejidad específica: sus eslabones están interconectados. Adicionalmente, los subproductos que alimentan la producción de biocombustibles son los mismos que sustentan la alimentación animal.

Una estrategia de agregado de valor que trate ambos flujos por separado puede suboptimizar alguno de ellos. La evidencia comparada señala el margen disponible: Canadá obtiene un 51% más que Argentina por tonelada de tortas de soja, y EE.UU. un 25% más. Hay valor que se está perdiendo en las etapas de procesamiento.

La cadena trigo–molinería–elaborados merece atención específica.

En el grano sin procesar, el margen de mejora vía precio es mínimo. La pregunta relevante es qué ocurre aguas abajo: en harina, pastas, galletitas y alimentos elaborados. Escapar del precio commodity en cereales supone avanzar en procesamiento y diferenciación.

Preguntas que el análisis deja abiertas

El diagnóstico presentado en este artículo abre interrogantes:

Acuerdos comerciales y brecha de precio. Parte de la brecha con EE.UU., Canadá y Australia podría explicarse por condiciones de acceso a mercado, aranceles menores en destino que Argentina no tiene. Brasil, que como Argentina carece de acuerdos bilaterales con los principales mercados de valor, registra brechas menores en los granos. ¿Cuánto de la diferencia de precio es arancelaria y cuánto es de calidad, diferenciación o trazabilidad? ¿Qué productos y mercados deberían priorizarse?

Senderos de agregado de valor: ¿en qué eslabones de las cadenas soja-oleaginosos-carnes, soja-aceites-biocombustibles, y trigo-molinería es técnica y económicamente factible para Argentina convertir commodities en productos de mayor valor? ¿Cómo se posicionan en esos eslabones los países con los que competimos?

La cadena soja–biocombustibles–carnes como estrategia integrada. Es posible plantear una estrategia que optimice simultáneamente los flujos hacia biocombustibles y alimentación animal, o la elección de una vía implica necesariamente resignar la otra?

Una doble agenda, dos horizontes temporales

A su vez, el análisis abre dos agendas de política con horizontes distintos. En el corto y mediano plazo: diferenciación, certificación, trazabilidad y mejora de las condiciones de acceso a mercados. Esta agenda no requiere cambiar lo que se exporta, requiere mejorar cómo y con qué atributos se exporta, a qué mercados y con qué condiciones de ingreso. La brecha de valor muestra que el potencial es significativo.

En el largo plazo, reducir la concentración en commodities de bajo valor implica cambios estructurales en la canasta. Mover volumen desde granos sin procesar hacia proteínas, biocombustibles, bioinsumos, aceites diferenciados, alimentos elaborados e ingredientes funcionales. Un esfuerzo que requiere inversión en las cadenas, infraestructura, apertura de nuevos mercados y políticas activas de desarrollo agroindustrial en una mirada de largo plazo que articule el presente con el futuro.


La autora es miembro del Equipo Coordinador del Grupo de Países Productores del Sur (GPS).
Este artículo está basado en el documento de trabajo “Valor unitario y composición de la canasta exportadora agroalimentaria argentina en perspectiva comparada”, (GPS) publicado en  julio de 2025.

Veja o artigo original em Trade News.